Coyoacán se recorre mejor con hambre moderada. Llegar sin apetito sería desperdiciar el paseo. Llegar dispuesto a comer todo lo que aparece entre el mercado y el Jardín Centenario tampoco es una gran estrategia: a la tercera tostada, el entusiasmo suele ceder ante esa pesadez que convierte una calle empedrada Seguir leyendo